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martes, 20 de septiembre de 2016

Señor de sí mismo


Quien piensa que es posible ser cristiano y no sacrificar está muy engañado. El sacrificio es la base de la vida cristiana y de la caminata con Dios, desde Génesis hasta Apocalipsis. Sin embargo, muchos religiosos que tienen el corazón en el oro y no en el Altar se valen de textos bíblicos fuera de contexto para decir que no debemos sacrificar. Sin embargo, cada uno de estos textos en sus debidos contextos sólo refuerzan la necesidad del sacrificio. Por ejemplo:

¿Se complace el Señor tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras del Señor? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. 1 Samuel 15:22
¿Sabe por qué Dios Se complace más de la obediencia que del sacrificio? Porque la obediencia es el verdadero sacrificio. No hay nada que violente más al ser humano que negar la voluntad de hacer las cosas a su manera. Cuesta mucho más que renunciar a algo de valor.
La voluntad del ser humano es lo que lo mueve. El corazón señala el camino a seguir, y lo sigue. Depende de la voluntad para tomar sus decisiones. Acostumbrados a vivir basados en sus propias voluntades, muchos no logran ni siquiera imaginarse cómo actuar de otra manera.
Renunciar a su voluntad para hacer la voluntad de Dios es reconocer que, de hecho, Él sabe mucho más de lo que usted jamás podría saber. Es imposible que Dios sea Señor de alguien que aún es señor de sí mismo. No se puede servir a dos señores. Si usted se obedece a sí mismo, desobedece a Dios. Y si obedece a Dios, se desobedece a sí mismo. Si agrada a Dios, aborrece a su corazón. Si agrada a su corazón, aborrece a Dios. No hay término medio. Dios no comparte Su trono con nadie.
Por eso, el sacrificio es necesario. Porque quita nuestra voluntad del trono y Le entrega el señorío de nuestra vida a Dios. El sacrificio pone las cosas en sus debidos lugares. A César lo que es de César. A Dios lo que es de Dios.
Si Le entregó su vida a Dios, Le entregó todo. Si no Le entregó todo, no Le entregó la vida.


viernes, 29 de julio de 2016

PALABRA SRA. ESTER BEZERRA- AGOSTO 2016


Cuando un niño nace no sabe cuidar de sí mismo, depende de una persona mayor que lo cuide. Necesita a alguien que lo alimente, que lo bañe, que lo cambie y que lo ayude a dormir. En sus primeros pasos también necesita ayuda, precisa que alguien lo cuide para evitar que se caiga y se lastime.
En general, son los padres del bebé quienes se ocupan de satisfacer sus necesidades. El bebé
necesita estar en contacto con ellos para no enfermarse ya que es el período más frágil en la vida de una persona. Si nadie cuida al bebé, su vida estará en riesgo. Por eso nuestros padres se preocupan por nosotros sin importar qué edad tengamos.
El Señor Jesús dijo: “Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13 LBLA). Él quiso decir que, si los padres, que tienen fallas, conocen sus obligaciones, mucho más Dios, que es perfecto, va a proteger y a guardar a aquellos que confían en Él. Entonces, podemos tener la certeza de que Dios también quiere tener el derecho de cuidarnos. Él nos quiere llenar de Su presencia, del Espíritu Santo. Su presencia transformará nuestras vidas y nos dará coraje para mantenernos en la fe y en el temor del Señor.
Nunca estamos solos, nuestro Padre espiritual nos da Su protección y Su amor. Él quiere que nuestra vida esté completa. El propósito de Dios es estar en nosotros. Para que cuando pasemos por un momento difícil recordemos que Él está con nosotros, el Señor Jesús nos guiará por el camino seguro.
Si queremos que Dios actúe en nuestras vidas, debemos entregarnos a Él con respeto y obediencia, es así que Su promesa se cumplirá en nuestras vidas.
“El ángel del Señor acampa alrededor
de los que le temen y los rescata.”
(Salmos 34:7 LBLA)

Bella a los ojos de Dios

 Qué lindo el mes de julio, el mes de las vacaciones y también de hacer nuestro voto con Dios. Es importante que hablemos de lo imprescindible que es cuidar nuestro corazón,
porque según nuestras actitudes seremos más o menos bellas delante de Dios. A medida que vas creciendo tu cuerpo va cambiando y tu belleza también se va transformando, sin embargo, no olvides que la espiritual es mucho más importante que la física. Tu cabello, tus ojos, el color de tu piel, todo fue pensado por Él.
Por eso, nunca permitas que nadie te haga pensar que sos inferior. Tenés que verte como Dios te ve, Él va a estar a tu lado cuando te sientas sola. David fue un ejemplo, un hombre según el corazón de Dios. Él se enfrentó a un oso para proteger a las ovejas de su padre mostrando valentía y dedicación en su trabajo. Nadie lo vio enfrentar al feroz animal, pero Dios estaba ahí, Él conocía a David y con el tiempo lo convirtió en rey de Israel.
Si Confiamos en Dios, cuidamos nuestro corazón y hacemos un pacto con el Señor Jesús, Él preparará la bendición que tanto deseamos.
Besitos queridas amigas!
Hay algo importante que tenemos que aprender, Dios nos conoce, Él conoce nuestras virtudes y defectos, pero nos ama como somos, pero necesita que nuestro corazón sea puro para bendecirnos. Es por eso que si queremos agradar a Dios, es necesario que cuidemos nuestro corazón.
Debemos tener cuidado con las cosas de este mundo, porque las apariencias engañan. A veces nos descuidamos y desagradamos a nuestro Dios haciendo cosas que Lo entristecen.
La Biblia nos cuenta que David fue un hombre valiente que no tuvo miedo de enfrentar un gigante por amor al pueblo de Dios. El Señor Jesús busca hombres así, que son valientes y luchan porque creen en Sus promesas. Chicos este mes de julio busquemos la verdadera belleza, la interior.
Esforcémonos para cuidar nuestro corazón, alejémonos del pecado y de las cosas de este mundo, así agradaremos a nuestro Dios y lograremos todo lo que nos propongamos.


martes, 29 de septiembre de 2015

Palabra de Octubre de la Sra Ester


El mundo fue creado por Dios para que el hombre disfrute de Su presencia y de todo lo que había, juntamente con su familia.
Estaban incluidos en esa convivencia la armonía, la disciplina y el amor.
Pero, al pecar, los hombres se distanciaron del Dios Vivo y el mal pudo dominarlos y prevalecer en sus vidas.
A causa de eso, las guerras, los dolores y los sufrimientos comenzaron a existir.
Para volver a hablar con Dios, oír Su voz, y llegar a Su Presencia, los hombres necesitarían tener un Mediador.
Generaciones después, les fueron enviados hombres de Dios, profetas, para hacer ese papel de mediador. Pero el pueblo volvía a pecar y no tenía fuerzas para resistir al pecado, lo que lo apartaba aún más de Dios.
Fue entonces cuando Dios envió a Su Hijo Jesús para ser ese Canal hasta Él.
De esa forma, las personas iban a poder conocerlo, redimirse de sus pecados, seguirlo, y además recibir la fuerza de Su Espíritu para resistir al mal que las esclavizaba.
El Señor Jesús nos dio condiciones para ser perdonados y también convertirnos en Hijos de Dios y vencedores en este mundo. A través de la oración, y en el Nombre de Jesús, tenemos acceso al Padre Celestial.
Él dijo:
"...todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis." Mateo 21:22
Entonces, para recibir lo que pedimos, tenemos que tener fe y certeza de que Él es fiel para cumplir Su Promesa y, para pedir, también tiene que existir la fe de que Él nos está oyendo.
Fe es la certeza de las cosas que se esperan. ¿Pero cómo tener la certeza?
La única garantía es lo que Dios prometió.
Si el Señor Jesús dijo que recibiremos todo lo que pedimos en oración, podemos confiar en Su Palabra.

viernes, 14 de agosto de 2015

Mensaje de Fe para Meditar!

El pueblo de Dios siempre fue perseguido e injusticiado, sin embargo, no importa la persecución, en cuanto estuviéramos con Dios tendremos la protección de Él. Dios dijo a su pueblo que lo defendería de sus enemigos. De esa misma forma, Él continúa actuando hoy en defensa de los injusticiados. Dios es Justo y sabe de todas las injusticias, ellas llegan automáticamente ante sus ojos. Eso quedó probado en el inicio del mundo, cuando Caín mató a su hermano Abel, inmediatamente la sangre de Abel comenzó a clamar a Dios por Justicia. Existen muchas formas de injusticia. 

Cuando alguien mata, calumnia, miente, maltrata, traiciona, desobedece a los padres, se droga, se tatúa o se prostituye, está cometiendo injusticia. También cuando los padres se separan y hacen a sus hijos sufrir o cuando los hijos no cuidan de sus padres que ya están viejitos y trabajaron mucho para criarlos, cometen injusticia a los ojos de Dios. Estos son apenas algunos ejemplos, pero existen muchos otros. Dios es justo y, por eso, apenas siendo justos podremos permanecer con Él. Pero ¿cómo conseguir esto? Si aceptamos el sacrificio de Jesús, Él nos perdona y nos limpia de todos los frutos de la carne, tornándonos justos. 

Si sufrimos alguna injusticia, nos protege, pues Él es fiel y cumple sus promesas. A veces la respuesta tarda un poco, pero, tarde o temprano Él hace justicia en la vida de quienes le temen. Entregando su vida al control de Dios, usted pasará a formar parte de su reino. Así como los gobiernos acostumbran proteger a su pueblo, así Dios da su protección total a sus hijos. Sea cual sea el problema que está pasando, que le causa dolor y sufrimiento, Dios ve y viene a su encuentro para guardarlo de todo mal. 

Su palabra promete: “Por su poder, el Señor Todo Poderoso me mandó a entregar el siguiente mensaje a las naciones que despojaron de riqueza a su pueblo: - “Quien toca a mi pueblo toca en la niña de mis ojos” (Zacarías 2:8) Es decir, lo que le hicieran a un hijo de Dios, se lo están haciendo a Él. Por lo tanto, si alguien nos lastima, está lastimando también a Dios. Sin duda alguna, es clara y verdadera la protección de Dios a su pueblo. Cuente siempre con el verdadero Protector.

Sra. Ester Bezerra

martes, 4 de agosto de 2015

No coloque peso sobre sus hijos

niñoMuchas veces colocamos cargas pesadas sobre nuestros hijos, exigiéndoles cosas de las cuales ellos no están preparados para cargar.
Por ejemplo, a veces la madre tiene una vida tan corrida, y muchas de las veces son hasta desequilibradas, y acaban delegando a sus hijos responsabilidades que no son para la edad de ellos, y de las cuales muchas veces ellos no logran cumplir por mas que se esfuerzan para colaborar, no siendo capaces ellos se frustran, pensando que no son capaces y se sienten inútiles.
Muchas veces queremos delegar tareas que ellos no tienen la madurez para realizar.
Cada hijo madura a su tiempo, ¿se dio cuenta que no todos comenzamos a hablar, caminar, etc a la misma edad?
Eso revela que cada ser humano tiene su tiempo de madurez, lo cual debemos acompañar y entender su desarrollo.
Para las madres que tienen más de un hijo, el secreto está en lidiar con cada uno según su forma de ser, no haciendo comparaciones, incentivando al más inmaduro y apreciando al más maduro, para no  generar dos problemas, de usted con su hijo y de su hijo con sus  hermanos.
¿Cuántos no son los hijos que se dedican en algo con todas las fuerzas y, de repente, parece que no lo logran?
La Palabra de Dios dice: ” No por fuerza ni por poder, mas por mi Espíritu”.
Dios nos ha dado un espíritu de moderación, y no de desequilibrio.
Querida madre todo lo que usted haga, haga partícipe a nuestro  amigo Espíritu Santo, pues así evitará muchos problemas y conflictos interiores.
Necesitamos de Dios para establecer buenas relaciones, y aprender a ser sensibles en cada situación por la que nuestros hijos pasen.
Y eso es porque usted también necesita madurar como madre.
Nunca cometa el error de querer pasar la carga que usted misma recibió de sus padres, para que no sea un ciclo. Haga la diferencia, y así estará quebrando ese mal que viene actuando de generación en generación.
Usted puede hacer la diferencia, ¿¿Sabe cómo?? ¡¡Siendo diferente!!